8 de octubre de 2009

RECETAS FÁCILES

Esta es una receta súper fácil para una noche en la que te sientas sola y te apetezca compartir un "bocadito" con alguien.

DEDICADA A RITA (ella sabe por qué...)

PATÉ RÁPIDO DE HIGADITOS DE POLLO

INGREDIENTES:
Sólo necesitas 2 o 3 higaditos de pollo, 1 cebolla, 100grs. de mantequilla, sal, pimienta, una pizca de nuez moscada rallada y 2 cucharaditas de coñac.

PREPARACIÓN:
Pones un cazo con agua al fuego. Cuando hierva le añades los higaditos y la cebolla cortada a trozos. Lo cueces 15 minutos. Luego,lo escurres y le añades el resto de ingredientes. Lo reduces a puré con la batidora, lo metes en un molde bonito y lo guardas en la nevera un par de horas.

Lo acompañas de unas tostadas para untar.

¡Y LISTO! ¡RESULTADO GARANTIZADO!¡A DISFRUTAR!

ESPUMA DE MAR CAPÍTULO V, SIGUIENDO

La casa de mamá y Lucy era muchísimo mayor que la nuestra, pero no tenía encanto. Todo estaba tan ordenado, que parecía dispuesto a la espera de un fotógrafo de revistas de decoración para aparecer en portada. Los sofás eran blancos y no se podía poner los pies en ellos. Con las paredes, cuidado, no poner las manos encima porque se manchaban. La piscina, tres veces mayor que nuestra balsa, siempre estaba a tope de cloro y los ojos escocían, además, prohibido chapotear para no salpicar las hamacas donde mamá y Lucy se tumbaban a coger bronce como posesas durante toda la mañana. De playa, ni hablar, demasiado sucia y llena de gente ruidosa y ordinaria. En resumen, un verdadero rollo.

Además, Lucy se llevó las manos a la cabeza en cuanto vio la ropa que traía en la bolsa. Eran prendas cómodas, pantalones cortos y camisetas. ¿Qué otra cosa se necesita estando de vacaciones?...

-¡Dios mío, Ino! No podemos ir a ningún sitio con la niña vestida así. Parece mentira, con unas colecciones tan ideales como las tuyas y que la niña no tenga ropa decente que ponerse... Habrá que ir de tiendas.

Yo odiaba esta frase. “Ir de tiendas” para Lucy y mamá significaba recorrer todas las boutiques de niños habidas y por haber hasta dar con aquello que ellas consideraban “ideal” y que solía consistir en ropa de adulto aplicada a niños, eso sí, muy “coordinada”, otra de las palabrejas que les encantaba utilizar. Al final, cuando yo me sentía disfrazada de esperpento carnavalesco, era cuando se las oía exclamar:

-¡Divina!...
-¡Monísima!...
-¡Ideal!...
-¡De cine!...

Y, por supuesto, de compras a una gran ciudad, porque en el pueblo no existía una sola tienda de ropa decente para la niña, según ellas. Parecía mentira que vistiesen a los niños como mendigos en vacaciones, decían. Como si los mendigos hiciesen vacaciones, pensaba yo. Pero debía pasar unos días de castigo por no sabía qué pecado cometido y estaba resuelta a cumplirlos sin rechistar.

Tras la comida, en el restaurante más “selecto” que encontramos en el camino de vuelta, siesta de dos horas para que ellas pudiesen descansar, porque la mañana de compras las había dejado agotadas. Yo, aprovechando que ya eran las cinco, me deslicé por la ventana de mi habitación y me fui donde “Edelmar”.
Como siempre, parecía estar esperando mi visita y, como siempre por la tarde, su túnica era naranja, el color del atardecer.

-¿Todo bien, Clara?

-Bueno, más o menos. Estar con mamá y Lucy no es muy divertido, pero no durará muchos días.

-¿Quieres que leamos un poco? -me preguntó, aunque por su sonrisa supe que adivinaba lo que quería pedirle. Ella siempre parecía saber lo que yo estaba pensando.

-Quiero...Quiero que ayudes a papá. Yo sé que tú no eres como los demás. Tú eres mágica y tus poderes...

-No tengo poderes, Clara. No soy ningún hada madrina. Sólo soy lo que soy.

-¿Y qué eres?...

Y me lo contó. Fue una sorpresa para mí. Hubiese podido imaginar que “Edelmar” era cualquier cosa. Una sirena con piernas, un hada sin varita, una bruja buena, todo menos la verdad. Me quedé sin aliento. Ella se rió con una carcajada profunda que parecía salida del mismo fondo del mar. Luego se puso seria por un instante.

-Ahora que lo sabes, deberás prometerme que guardarás el secreto. ¿Lo harás?

-Pues claro. Papá ni siquiera sabe que hablas, así que ya ves.

-Muy bien...¿Decepcionada?

-No, sólo que... No lo esperaba. Pero ahora que lo pienso, creo que podría haberlo adivinado con un poco más de tiempo.

Ella me acarició la cabeza y me abrazó. Su olor a mar me gustaba mucho más que todos los perfumes que poblaban el tocador de mamá y Lucy... ¡Mamá y Lucy!. “Edelmar” no tenía reloj , por supuesto, pero podía imaginar fácilmente que habían transcurrido más de dos horas desde mi llegada a la tienda.

-Me marcho, debe ser ya muy tarde. Adiós, “Edelmar” -de repente me di cuenta que la había llamado por el nombre inventado por papá. Ella cabeceó afirmativamente.

-“Edelmar”. Me gusta mucho. Gracias por darme un nombre tan bonito.